El plugin gratuito hace el 80 %
Y el 20 % que falta es el que te importa. Acabas encadenando tres plugins que se pisan entre sí y ninguno mantenido, hasta que una actualización de Moodle rompe la cadena entera.
Un plugin es código que se ejecuta dentro de tu plataforma y sobrevive a sus actualizaciones. Escribirlo es la parte corta; lo que decide si fue buena idea es quién lo mantiene los tres años siguientes.
Hemos escrito y mantenido quince desarrollos propios para nuestra propia academia. Esta página cuenta lo que aprendimos auditándolos uno a uno, incluida la parte incómoda.
Y el 20 % que falta es el que te importa. Acabas encadenando tres plugins que se pisan entre sí y ninguno mantenido, hasta que una actualización de Moodle rompe la cadena entera.
Funciona, y la siguiente actualización se lo lleva por delante. A partir de ahí ya no se puede actualizar sin rehacer el parche, y la plataforma se queda congelada en una versión sin soporte.
Sin documentación, sin pruebas y sin nadie que entienda por qué está escrito así. Cada cambio es arqueología, y nadie se atreve a tocarlo.
Identificadores de curso escritos a fuego, categorías propias, rutas de la casa. En cuanto se instala en otra plataforma, no arranca — y eso no se ve hasta que se intenta.
El plugin dice soportar seguimiento de finalización o trabajo por grupos, aparecen los ajustes en el formulario, y detrás no hay nada. Nadie se entera hasta que alguien confía en esa casilla.
Guarda datos de usuario sin declarar la clase de privacidad que exige Moodle. No exporta ni borra lo de una persona cuando lo pide, y eso bloquea publicarlo y es un agujero de RGPD, no un detalle de acabado.
En septiembre de 2026 auditamos nuestros quince desarrollos internos uno a uno, contrastando cada funcionalidad afirmada contra el código. La conclusión más útil no fue cuáles servían, sino cuánto trabajo separa un plugin que funciona de un plugin que se puede entregar.
Lo que hay que resolver, en orden de lo que más bloquea:
El dato que más nos sorprendió: nuestro plugin más sencillo —diez ficheros, poco más de mil líneas— necesitaba entre ocho y doce días de trabajo para poder entregarse, no los dos o tres de pulido que habíamos estimado. Y el trabajo escondido no estaba en las funciones, sino en una pantalla que cargaba todos los cursos del sitio en memoria: irrelevante en una academia, insostenible en una universidad.
Ése es el margen que conviene tener en cuenta antes de encargar un desarrollo: lo que cuesta que funcione y lo que cuesta que aguante no son la misma cifra.
Todo plugin de Moodle es GPLv3 o posterior. No es una elección del autor: usa las bibliotecas del núcleo y hereda su licencia. Conviene entender qué implica antes de firmar nada.
Se puede cobrar por un plugin GPL. Es legal y es lo que hacen todos los vendedores comerciales del ecosistema. Lo que no se puede es impedir que quien lo compra lo redistribuya.
De ahí sale una consecuencia práctica que casi nunca se explica: lo que compras no es el derecho a usar el código, sino las actualizaciones y el soporte. Es también la razón de que las licencias anuales del sector dejen el plugin funcionando al vencer, y sólo corten actualizaciones y soporte.
Y una consecuencia para ti como cliente: si te desarrollamos algo a medida, el código es tuyo y te lo llevas. No hay forma de atarte a nosotros por la vía de la licencia, sólo por la de hacerlo bien.
Decirlo va contra nuestro interés inmediato, pero ahorra dinero a los dos:
Se estima el trabajo, se hace por tramos y se factura por minutos reales. El código es tuyo, con su documentación y su clase de privacidad.
Los desarrollos que llevan años en producción en nuestra academia, con licencia anual o vitalicia. Salen conforme terminamos de sanearlos.
Auditoría de tus plugins actuales: qué hacen de verdad, qué declaran y no hacen, qué te ata a una versión y qué se rompe en la siguiente actualización.
Sí. Un plugin de Moodle es GPLv3 por obligación, así que te lo llevas con derecho a modificarlo y redistribuirlo, y con sus fuentes. No hay forma de atarte por la licencia.
Depende del alcance, y la única respuesta honesta antes de mirarlo es un rango muy ancho. Lo que sí podemos decir por experiencia propia: el trabajo de dejarlo entregable suele ser mayor que el de hacerlo funcionar. Nuestro desarrollo más sencillo necesitó entre ocho y doce días sólo para eso. En la consulta gratuita se acota.
Si está bien escrito, sí: se apoya en las interfaces públicas del núcleo y no lo modifica. Lo que no sobrevive es un parche sobre el núcleo, y por eso no los hacemos. Aun así, cada versión mayor exige revisión, y eso se planifica.
Sí, y es habitual. Lo primero es una revisión: qué hace realmente, qué declara y no cumple, qué lo ata a tu instalación y qué se romperá en la siguiente versión. De ahí sale si compensa arreglarlo o rehacerlo, y a veces la respuesta es rehacerlo.
Sólo si tiene sentido para ti. Publicarlo exige requisitos concretos —privacidad, traducción, pruebas— que encarecen el desarrollo, y a cambio da difusión y revisión externa. Es una decisión tuya y se decide antes de empezar, no al final.
A veces la respuesta es un plugin y a veces es configuración. En la consulta gratuita te decimos cuál de las dos, aunque sea la que no nos conviene.
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